miércoles, 9 de junio de 2010

Las reuniones familiares

Mi infantilismo se expresa de múltiples y delirantes maneras, alcanzando sus más altas cuotas de histrionismo en esos clásicos y comunes eventos denominados " reuniones familiares" que generalmente se traducen en una serie de momentos tensos habilmente disimulados entre sonrisas, cumplidos y mesas servidas en abundancias.

El tema es que yo nunca he sido muy hábil disimulando y recién ahora comprendo que a veces es necesario disimular para hacer medianamente feliz a los parientes que no tienen por qué comprender que la sangre por sí sóla no basta para crear lazos sólidos y cuyo sueño es reunir a todos sus parientes en torno suyo, independientemente de como éstos se lleven entre sí.

Así, mi indisimulada "sinceridad" ha contribuido a acrecentar mi imagen conflictiva dentro de una familia para la cual el término "disfuncional" queda grande. Es que, definitivamente, no aguanto que los temas de conversación giren en torno al éxito laboral y monetario aspiracional de los integrantes de la familia y mi primo es tan así, que no comprendo ese nivel de envidia patológica que me profesa siendo que yo no gano un peso partido por la mitad y que socialmente soy un zángano que ni siquiera es parte de la fuerza laboral potencial del país, la expresión más dramática de cuan ilusoria y esquiva puede ser el sueño familiar del "cartón" universitario para su prole, un mantenido de gustos remilgados y actitudes infantilmente rebeldes y contestatarias que insiste en denunciar contradicciones y malas actitudes que a nadie más que a él le interesan.

Sin embargo, según yo mi único pecado es ser "car'e raja" y tener la epidermis sensible a las actitudes arribistas, a los chistes rascas del morandé con compañía, a los pseudopatrones de fundo que por tener un negocio se sienten en un mundo lleno de "responsabilidades" que les impide actitudes tan elementales como bajarse del auto para saludar, a la gente confianzuda, a la insana costumbre de intoxicarnos con kilos de carne, bebidas de fantasía, papas mayo y enguatadoras bebidas de fantasía cada vez que nos reunimos en grupo, a comentar los asquerosos programas de teve y las no menos vomitivas noticias como si se tratase de temas de vital importancia y tantas otras cosas que suenan tan normales a ojos del mundo, que a veces es mejor quedarse callado y responder en piloto automático.

Y tuvieron que pasar veintiocho años y seis meses para que me diese cuenta.

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